Conforme la guerra en Siria se acerca a su
final, Hezbolá anuncia que vuelve a enfocarse en el frente sur, retornando a su
lucha original contra Israel. La semana pasada, el primer ministro israelí,
Benjamín Netanyahu, acusó a Hezbolá de mantener depósitos de armas en Beirut,
provocando el temor entre la población libanesa de un posible ataque contra la
capital. En el plano militar, los más de siete años de guerra siria han
supuesto una profunda mutación para el brazo armado de la milicia libanesa chií
Hezbolá, sobre todo desde la última que libró con Israel en 2006. Se calculan
en 10.000 los combatientes que han rotado en el campo de batalla sirio. A nivel
operacional, la milicia ha pasado de una posición defensiva en su lucha contra
el Ejército hebreo, a diseñar ofensivas contra insurrectos y yihadistas en el
campo de batalla sirio. Un giro que transforma drásticamente las reglas de
confrontación de todo futuro conflicto entre Hezbolá e Israel.
“Hezbolá tiene hoy la capacidad de llevar a
cabo ataques y capturas en las colonias israelíes del norte [de la frontera
israelí con Líbano]”, valora en una entrevista telefónica Mohanad Hage Ali,
director de comunicaciones del centro de estudios Carnegie de Beirut y autor
del libro: Nacionalismo, transnacionalismo e islam político: la identidad
institucional de Hezbolá. Un futuro enfrentamiento con el Ejército israelí se
vería “ampliado en el marco regional” ha advertido el secretario general del
partido, Hasán Nasralá, con la expansión del frente desde Líbano a Irak pasando
por Siria.
En Siria, la milicia no solo ha adquirido
nuevas técnicas de combate en zonas geográficas diversas, sino que ha
coordinado en tierra operaciones con otras milicias y con ejércitos
convencionales como el sirio y el ruso, así como con sus aviaciones. Las
adquisiciones de armas de precisión y la incorporación de drones en sus
operaciones han transformado las reglas de confrontación con Israel, hasta ayer
dictadas por las distancias geográficas y la superioridad aérea israelí.
“Los
misiles son de largo alcance y suponen un verdadero cambio puesto que pueden
alterar su curso en marcha, algo que está obligando a Israel a actualizar su
sistema de defensa”, advierte el experto militar sirio Mohamed S. Alftayeh.
“Ahora pueden atacar objetivos militares vitales israelíes desde el interior de
Líbano”, acota. Los expertos aseguran que Hezbolá ha recuperado su capacidad
armamentística previa a 2006, contando con un arsenal de entre 100.000 y
120.000 cohetes de corto alcance y varios cientos de largo alcance.
Una de las ventajas que ha convertido a
Hezbolá en un aliado vital para Damasco ha sido su flexibilidad a la hora de
desplegar y replegar sus efectivos a través de la frontera entre Líbano y
Siria. “Con menos frentes activos es natural que reduzcamos nuestros
combatientes en Siria”, cuenta en la periferia de Beirut y desde el anonimato
un responsable del brazo político de Hezbolá. En cuanto a las informaciones que
apuntan a un repliegue de la milicia del sur de Siria tras los ataques
israelíes, este asegura que los milicianos “se han invisibilizado retirando sus
insignias”, pero que “seguirán en sus puestos mientras el liderazgo sirio
requiera su presencia”.
El líder de Hezbolá, Hasan Nasralá, ha
reiterado que sus hombres se quedarán en Siria incluso después del acuerdo que
ha paralizado la ofensiva contra el último feudo insurrecto en el país, la
provincia de Idlib. Las sanciones impuestas por EE UU a Irán también están
haciendo mella en las arcas de la milicia que según los expertos recibe
anualmente entre 100 y 200 millones de dólares (entre 87 y 175 millones de
euros) de Teherán.
El fervor religioso parece paliar unos
sueldos que no superan los 860 euros mensuales por combatiente, menos de lo que
gana un taxista en Beirut. Estado dentro del Estado, Hezbolá se enfrenta
también al elevado coste social heredado por su injerencia en Siria donde han
caído 2.000 combatientes: desde las pensiones de las viudas a los colegios de
los huérfanos pasando por los tratamientos médicos de los heridos.
El mayor quebradero de cabeza para EE UU y
la UE sigue radicando en tratar de que el Ejército libanés sea el único garante
de las fronteras en detrimento de la milicia. Pero no lo han logrado. Hezbolá
ha sabido infiltrar a sus hombres dentro del aparato de seguridad nacional
libanés. Mientras, Israel advierte de que esta fusión convierte al Ejército
libanés en corresponsable de los actos de Hezbolá y a sus soldados en objetivo
de futuros ataques.
En contrapartida, el caos generado durante
la contienda siria, donde interfieren media docena de actores regionales e
internacionales, ha permitido a Israel incrementar sus ofensivas aéreas contra
objetivos iraníes y de Hezbolá en suelo sirio con relativa impunidad. El aliado
ruso se ha mantenido neutral en esta guerra paralela en la que el Ejército
israelí asegura haber realizado más de 200 ataques en los últimos 18 meses.
Conforme Hezbolá amplía a 13 el número de
bases militares que ha levantado en Siria, según el cálculo del experto sirio
Nawar Oliver, del Centro de Estudios Estratégicos Omran, la milicia se resiente
de la pérdida de varios de sus pesos pesados como el máximo responsable militar
en Siria, el comandante Mustafa Badreddine o más recientemente el general Aziz
Asbar, jefe científico del programa de armas químicas del Gobierno sirio,
ejecutado por el Mosad. “La precisión de estos asesinatos selectivos refleja
también la expansión del Mosad —espionaje israelí— en Siria donde el caos
bélico y la penuria económica la hacen tierra fértil para reclutar
informantes”, concluye un miembro de la inteligencia militar libanesa en
Beirut.
La mutación de Hezbolá que inquieta a Israel
11/Oct/2018
El País, España- por Natalia Sancha